Ana: ¿Qué hay en la contra esquina?

Joaquín: No me interesa. Sólo (vuelve a cerrar los ojos), te veo a ti, con tus zapatillas rojas.

Ana: No inventes. Creo que eran amarillas.

Joaquín: Es posible. Tal vez.

Ana: Te pregunto que hay detrás de mí. En los sueños uno mira hacia delante pero tú si puedes observar lo que está mis espaldas.

Joaquín: (frunce los ojos esforzándose por mirar en su imaginación) Es un gran anuncio de neón de no sé que cosa. Tu cuerpo, tu adorado cuerpo está a contraluz, estás siendo absorbida por la publicidad.

Sonido: (un trueno vibra en la habitación).

Ana: Sí, estaba por llover.

Joaquín: Ya ves entré en tu sueño y está por llover, donde voy está el agua. Tú eres el agua.

Ana: (se acerca y lo besa) Pensé que soy el fuego. Fíjate, el horno está caliente.

Joaquín: Destilas agua, un líquido tibio que se escurre entre mis labios.

Ana: Cuando estás ahí tengo miedo que se me escape un pedo.

Joaquín: Son los riesgos como los de esa ancha avenida que no acabas de cruzar.

Ana: Perdida entre los reflejos del neón ya lo hice y la calle que se abre es empedrada y brilla por la lluvia que se anuncia o que ya ha comenzado a caer.

Joaquín: Mis amigos me advierten que estoy alucinando y debo retornar al juego. Por esa distracción, una jugada fortuita y ellos anotan.

Sonido: (un largo trueno que termina desvaneciéndose y la tormenta parece alejarse).

Ana: Sigo ese ruido que parece rebotar entre las paredes altas de las casas del vecindario.

Joaquín: Atraído por el olor que dejaste a tu paso, te sigo. En la perspectiva de la calle y en los reflejos de los relámpagos lejanos veo tu silueta de caderas firmes, amplias.

Ana: Te siento llegarme por detrás.

Joaquín: La erección se torna inocultable.

Ana: ¡Ay! Sí, papito.

Joaquín: Me tocas, pero en la calle tu figura resulta inalcanzable. Ya no te veo.

Ana: Un callejón, he tomado por un callejón sombrío. Me permite ocultarme, para que la seducción sea interminable.

Joaquín: Siempre tras de ti. Esquiva. Difícil.

Ana: Mi mano dice lo contrario. ¿La quito?

Joaquín: No, no, no. Para nada.

Ana: Ah, ¿verdad?

Joaquín: Mientras transitamos el sueño nuestros cuerpos pueden ser independientes.

Ana: Tu cuerpo, el mío. Me escondo en la saliente de un edificio y te espero.

Joaquín: Estoy desconcertado no sé cómo buscarte.

Ana: Al fondo de la bocacalle te veo pasar. Una figura incierta, dominada por los interrogantes que te impulsan. Cruzas, el lugar queda desierto. Luego un ciclista, me parece que es un viejo, una forma encorvada sobre la bicicleta, atraviesa en sentido inverso, la calle empedrada. Luego tú, te asomas y miras.

Joaquín: ¡El hombre de la bicicleta! El fue que me dijo que había un callejón que no supe ver en su momento y por ello retrocedí para ubicarlo.

Ana: ¡Viejo metido!

Joaquín: No, no era un viejo.

Ana: No mientas.

Joaquín: En serio. En realidad era un joven.

(Fragmento)