Joaquín: Siempre me resisto a esas interpretaciones sociológicas. Además, ¿qué tiene que ver la fe en esto?

Ana: Es el espejo, que en lugar de mostrar, oculta. Y el amorcillo, con sus primorosas alas, ayuda.

Joaquín: En la posibilidad de ver su rostro, humaniza la figura. Puede así mostrar su trasero de contundente carga erótica mientras el rostro en el espejo recupera el sentido virginal asociado a María.

Ana: Eso, mientras que Rembrandt coloca al cuerpo en su dimensión esencial. No necesita de un subtema que encubra el propósito principal, la turgencia de la carne. En Velásquez es el deseo mediatizado, desviado por la mitología, amparado de los castos ojos católicos.

Joaquín: En lo que te concedo razón es que en el espejo: miente. Si observas el reflejo del rostro, es de un tamaño más grande que el original. Sin contar que por la distancia deberíamos ver los hombros desnudos de la figura y quizá, también los pechos.

Ana: El espejo que devela, fundamentalmente esconde. Concentra nuestra atención por saber a quién pertenece el trasero.

Imagen: Grabado de Rembrandt, Desnudo de negra

Joaquín: En Rembrandt el rostro no aparece porque el ocultamiento es otro, es un desnudo de negra.

Ana: Y hay una cierta deformidad en ese cuerpo macizo, la distancia entre las nalgas y la cintura es demasiado larga.

Joaquín: Será una culo caído.

Ana: Bueno, la gracilidad de la cintura de la Venus velazquiana dudo que pueda sostener el suyo, cuando se pare.

Joaquín: (Ríe) Es una obra maravillosa de un pintor extraordinario, aunque el espejo intente disimular lo que la obra explícitamente expone.

Ana: Nadie lo niega. Es que el arte no siempre surge de la libertad. Es expresión invertida, y allí el espejo, de ambientes francamente restrictivos. Nace de la represión como una forma de doblarle la mano a lo anquilosado.

Joaquín: “El arte es libertad.”

Ana: Sí. Y la de Velásquez es una pintura excepcional en el panorama español del siglo XVII. Ahora, ¿por qué elegir ésta y no su precedente?

Joaquín: Me interesa el tema del espejo. El espejo, construido de instantes, reinserta el mundo en el mundo, duplica, invierte y resulta esquivo a la mirada. Su presencia en la pintura es relativamente baja, probablemente porque compite con el artista, verdadero espejo del universo que tanto refleja lo real como lo imaginario y con ello lo supera. (Ella se acurruca en él. Le toca con el dedo índice la frente.)

Ana: Esa cabezota que alberga tantas cosas. Una espacialidad interior, dónde esta creación, cada una de tus creaciones, habita. (Él se siente incómodo. Se desprende de ella con ternura y comienza a reubicarla en su posición de modelo. Ella suspira y lo deja hacer. En un movimiento el espejo se cae sobre la cama.)

(Fragmento)