Hombrecito: (Se acerca a Ricardo) -Debemos comenzar.- El hombrecillo carga un gran libro. Ricardo se da vuelta y tiene que agacharse para verlo.

Acompaña al hombrecito un hombre de regular estatura, delgado y encorvado que porta una pluma (cucharita) y un tintero.

Ricardo: -¿Adónde debo ir?-

Hombrecito: -Ese no es asunto mío.-

Ricardo intenta caminar hacia el centro de la habitación pero el hombrecito le cierra el paso.

Hombrecito: -Antes tiene que firmar aquí-

Abre con dificultad el libro y se lo extiende. El hombre de mediana estatura le estira la pluma que ha mojado en la tinta.

Ricardo: -¿Dónde? –

Hombrecito: -Aquí –

Ricardo: -Pero, la pagina está totalmente en blanco.-

Hombrecito: -No importa, es por forma.-

Ricardo: -¿Y si firmo mi propia sentencia?-

Hombrecito: -¿Sentencia?, ¿de que?, si usted cree que es inocente no tiene porqué temer, firme.-

Ricardo: -Sin embargo…-

Hombrecito: -En este momento no le conviene poner objeciones podría ir en su contra.-

Ricardo levanta la vista, muchos de los presentes lo observan fijamente. Quiere firmar con la pluma que había tenido todo el tiempo en la mano, al hacerlo ésta hace un ruido de rasgar el papel: la tinta está seca. La moja nuevamente en el tintero y firma. El hombrecillo sopla sobre la tinta fresca y cierra el libraco. Hace una seña con el dedo pulgar de: ¡todo listo! Y se aleja. Se escuchan unos golpes de martillo dados por el juez para solicitar silencio. Las animadas voces pasan por el murmullo hasta que en la sala sólo se oye uno que otro carraspeo. El silencio se prolonga. Los presentes miran hacia dos o tres puntos distintos pero nadie parece dispuesto a comenzar. Están tensos. El juez, un señor gordo y pesado, dice:

Juez: -¿Cómo?, ¿nadie va a comenzar ahora?…-

Silencio.

Juez: -Y recién se peleaban por hablar-. Un nuevo silencio. Luego una voz:

La voz: -Si nadie quiere hablar voy a hacerlo yo-.

Las palabras vienen desde un grupo de personas entre las que está el que habla, pero sin que el espectador pueda identificarlo. Algunos se dan vuelta para mirarlo y seguramente lo ven, en tanto que el resto mira hacia adelante.

La voz: -El acusado…–

Ricardo se adelanta.

Ricardo: -¿Acusado?… ¿Por qué?-

Manuel: (Auténtico abogado, traje impecable, pelo lamido, raya al medio) -Note usted señor juez que nadie dijo que él era el acusado pero su culpabilidad acaba de delatarlo.-

(Fragmento)