En un departamento del octavo piso, el padre, Mario y su hijo, Ricardo, quien está al teléfono.

Ricardo: -Si, claro… Lo entiendo… Un gusto. Hasta luego.- Se ve abatido.

Mario: -Ya me lo esperaba.-

Ricardo: -Y, sí. Otro más en la cuenta del otario.-

Mario: -Es la prueba palpable de que sos bueno para nada.-

Ricardo: -Es lo que vos hiciste de mí.-

Mario: -¡Claro! Los inútiles siempre encuentran a quien echarle la culpa. Pero yo no soy esa clase de idiota. Si de algo soy culpable es de haberte dado tantas libertades. En eso, mucho de la responsabilidad es de tu vieja…-

Ricardo: -Como siempre, la metés en el medio…-

Mario: -…Te permití fumar en mi presencia cuando aún eras muy joven. Yo, tenía tu edad y todavía no lo hacía delante de mi viejo.-

Ricardo: -¿Cómo puede enseñar lo que es la libertad alguien que siempre fue esclavo?-

Mario: -Quien vive en la abundancia, no sabe lo que es el hambre. Por tu carácter caprichoso, cuando no te gustaba una comida, la dejabas de lado. En cambio yo, una sola vez, escuchá bien, una sola vez me negué a comer polenta. Mi padre no dijo nada, simplemente guardo el plato. Dio la orden, y su palabra era ley, que no me diesen ningún otro alimento. Sabés como me lo engullí después, como si fuera el mejor manjar del mundo.-

Ricardo: -La verdad es que te compadezco.-

Mario: -Nunca más volví a protestar por la comida. Eso sí que era rigor, disciplina. Hoy todos esos valores se han perdido.-

Ricardo: -Pero todavía odiás ese instante.-

Mario: – Para nada, actualmente es el plato que más disfruto.-

Ricardo: -Porque podés elegir…-

Mario: -Exactamente… Mi padre me había dado una gran lección. El me brindaba lo que podía, lo mejor que podía. ¿Con qué derecho me negaría a reconocer su esfuerzo?-

Ricardo: -Él no podía, tú sí. ¿De qué estás arrepentido? Le concediste a tu hijo lo que seguramente él hubiera querido hacer por vos.-

Mario: -Si viviese, no habría aprobado mi conducta.-

Ricardo: -Por celos, tal vez. Porque lograbas algo que le hubiera gustado darte, y no pudo. No le alcanzó la historia.-

Mario: -Tienes una gran capacidad para enredar las cosas. Si al menos fueras inteligente podrías convencer a cualquiera, les venderías lo que sea. Serías rico.-

Ricardo: -Ese es el punto. Te molesta que no haya alcanzado la cima. Y la cuestión es que a mí no me interesa ese tipo de logros, o, por lo menos, no estoy de acuerdo con el camino que consideras válido.-

Mario: -Y, sin embargo, transitas de fracaso en fracaso, como el de hoy. Actúas por oposición a mí, no por convencimiento de que lo tuyo es lo correcto.-

Ricardo: -En parte tienes razón. Todo hijo, para crecer, tiene que sacarse al padre que tiene adentro. Ese que le metieron a la fuerza, cuando no tenía edad ni capacidad para defenderse.-

Mario: -Por lo menos sos sincero. Sólo te falta decir que te haría feliz mi muerte.-

Ricardo se acerca y abraza a su padre.

Ricardo: -Matarte dentro de mí, para poder verte con nuevos ojos. Para valorarte en tu real dimensión. Superando aquellas cosas tuyas que me hacen daño. Que me impiden ser un hombre totalmente formado, un hombre completo.-

Mario se siente incómodo por el abrazo de su hijo y poco a poco va desprendiéndose hasta apartarse.

Mario: -Eso quiere decir… que yo no lo soy. A ver si te entiendo, de acuerdo a tu criterio, yo no soy un hombre… ¿cómo dijiste… total?… porque no asesiné a mi padre.-

Ricardo: -Más o menos…-

Mario: -¿Cómo que más o menos? Explícame lo que no entendí.-

Ricardo: -Dije matar, papá, que es una cuestión simulada, simbólica. Vos lo transformás en asesinar, lo que le da un matiz sangriento.-

Mario: -Vaya, vaya…-

Ricardo: -Hay muchas cosas tuyas que a mí me joden profundamente. Si quiero ser yo mismo, tengo que arrancarlas de mí. Limpiar toda la basura que con la envoltura de las buenas intenciones has depositado dentro mío durante tantos años.-

Mario: -Y claro que lo vas logrando. Negando poco a poco los valores que construí en vos. No te detenés ante nada para conseguirlo, hipotecando tu propia existencia.-

Ricardo: -¿De qué hablás?-

Mario: -De la mina esa.-

(Fragmento)