El organismo humano se mueve libremente en el espacio real dentro de los límites de su capacidad locomotriz que se puede incrementar con medios técnicos de traslación. Pero no pueden superarse todos los limites: no puede meterse en el interior de la tierra ni viajar por el espacio cósmico en distancias siderales. Esta sujeción al lugar ocupado es decisiva pare el espacio inmediato de la percepción, no para el de la experiencia y menos pare el de la imaginación y del pensamiento. Ahora, imaginarse lo lejano, lo invisible, lo inasequible, hasta donde llegue la conciencia con sólo obtener un punto de apoyo en una percepción anterior, en conexiones inferidas, incluso en las que simplemente oye decir. Y la fantasía propiamente tal va mucho más lejos. Ahora, no se refiere directamente al espacio real sino al espacio de la intuición, y aún dentro de éste sólo a sus grados superiores: el de la imaginación y el pensamiento. Aquí reina la más perfecta libertad del espíritu.

Esa idea, esa posibilidad de tránsito por las fronteras intergalácticas, o el sumergirse en el interior de un cuerpo humano para realizar un viaje arterial y sufrir los embates del torrente sanguíneo, se torna posible. Podemos verlo, asistir al hecho. Esos espacios singulares, inalcanzables, están frente a nosotros y unos hombres, iguales a nosotros, lo están transitando. Ellos los ven y corroboran para nuestra perplejidad las vivencias de sus acontecimientos y somos testigos privilegiados de sus aconteceres.

Además, el movimiento del cine no lo es solo porque los personajes transitan frente a nosotros en calles que pueden ser conocidas o similares a las nuestras sino que la propia cámara está dotada de un poder que le permite desplazarse. Así, la espacialidad representada se metamorfosea en sucesivos cambios, cuando la cámara penetra para ir descubriéndonos detalles que hubiesen pasados desapercibidos, es como si rasgara el velo de la realidad para inmiscuirse en vidas y procederes presentándonos acontecimientos cada vez más ricos a los cuales estamos convidados. O bien, realiza un movimiento inverso, alejándose de la acción que antes contemplábamos para presentarnos la totalidad de un paisaje que nos hace entender el contexto de la acción. En cada una de las dos operaciones, introduciéndonos en el hecho o retirándonos del acontecimiento, nos produce una sensación emotiva que el relato nos transmite y nos convoca en la idea de un ir y venir por el espacio que cualquiera de las otras disciplinas, pintura y fotografía, no puede transmitirnos.

El uso de los lentes incidirá en la percepción que se tenga del espacio y nos aportará diversas connotaciones. Pier Paolo Pasolini en su Evangelio según San mateo, utiliza el teleobjetivo para lograr un “aplanamiento” de la imagen, con lo cual nos transmite un sentido de la mirada Prerrenacentista. En el medioevo la articulación de la profundidad espacial se daba por escalonamiento y la superposición de la imagen. No hay la sensación de profundidad extrema que surgirá con el conocimiento y dominio de las leyes de la perspectiva. El Renacimiento significa, en términos ideológicos, el triunfo del humanismo y un retroceso de la concepción religiosa, en tanto la Edad Media está ligada a la fe cristiana. En esa dirección, al tratar un tema de esa naturaleza, resulta de una mayor fuerza expresiva pues está ligado a un concepto estético, a una voluntad formal (Worringer) que se corresponde con mayor efectividad con lo narrado.En sentido inverso, es ya famoso el uso expresivo que le confirió Orson Welles al gran angular en su película El ciudadano Kane, al lograr una gran profundidad de campo que permitía tener en foco al protagonista y al ultimo de los comensales de una larga mesa de banquete, conformando de esta manera el dominio del personaje sobre los que integraban el periódico que estaba forjando, dado que el uso de esta lente altera la relación espacial de los objetos, potenciando al que está en primer plano, en este caso el protagonista, y empequeñeciendo a los del fondo, a sus subalternos.

(Extracto)