Tal vez un día, un día muy lejano, ella y yo, que para entonces seríamos un nosotros, regresemos a este lugar, o a otro, con otro mar y nos sentemos a contemplarlo y, quizá a recordar, a pensar y recordar este hoy, este ayer que parece convocarnos a construir este nuevo presente. Tal vez ese momento futuro sólo tenga lugar porque un día, quien sabe porque fortuita circunstancia volvimos ella y yo, un no nosotros a esa roca frente al mar desde puntos distantes de la vida. Tal vez nada de todo eso suceda nunca, pero tengo unas ganas inmensas de que acontezca

 

Ella es pianista y él cantante de opera. La relación se inicia cuando va buscarla como acompañante porque quiere cantar unos lied de Schubert. Los ensayos, pese a los pequeños desacuerdos que producen, van estrechando la relación.Las separaciones que los compromisos musicales generan, dan lugar a distintas relaciones amorosas que cada uno ejerce. La sinceridad no implica contarse mutuamente que ha hecho cada quien, sino el no negar frente al interrogatorio del otro esas aventuras, cuando hubiesen existido.La idea es la construcción de ese infierno tan particular que ellos van gestando y del cual no pueden apartarse, dado que algo muy fuerte los mantiene unidos. ¿Hijos? Tal vez.

 

-¿Hoy es jueves?-

-No, creo que miércoles.-

-Podríamos salir de paseo.-

-Prefiero quedarme y tomar sol.-

-En ese caso podríamos jugar damas chinas.-

-Y… ¿por qué no al ajedrez?-

-Me aburre.-

-Pensándolo mejor, voy a trabajar…-

-Deberías ir al súper.-

 

Él exclamó con voz confusa

-Me duele el hombro debajo de la pierna.-

Ella lo escucho entre sus sopores, de manera incierta, y pensó: “Válgame Dios, ¿será este guajiro un contorsionista?” Intentó incorporarse pero como él lanzó un

-¡Ay!-

Abandonó su intento y aclarándose la garganta, inquirió

-Pero, ¿qué te pasa chico? ¿Está usted bien?-

-De maravilla, mulata querida, solo digo que me duele el hombro debajo de tu pierna.-

 

A veces, los domingos, son el día del señor. Lo escribo así, no por un error ortográfico, sino porque me refiero al señor en su dimensión humana, el de todos los días, ese que León Felipe definiera que con su dinero paga el pan que lo alimenta y el lecho donde yace (esta parte es muy importante a los fines del presente). Ahora, para que tal situación suceda es necesaria una señora que comparta y experimente que también es su día. Sin embargo, ahí empiezan los problemas, porque la señora no tiene que ser la esposa del nombrado señor, necesariamente. Sin embargo, en la equívoca frase del comienzo él se puede confundir con Dios, en tanto ella no. Así, no podría ser su día, por más placentero que le resulte y pese a que decimos que son una diosas. Más aún, solo pueden alcanzar el estatus de señora, una vez que se casan, en tanto los hombres no tienen que realizar tal tránsito para ser considerados, señor.

 

El amor es para siempre, porque siempre es una noción de tiempo muy variable que solamente tiene sentido mientras exista amor. Estas totalidades son relativas a la existencia de cada quien, pero también se expresan para el conjunto y en esa dirección mientras haya amor, mientras dos personas lo sientan no importará que para muchas otras haya caducado, será siempre, y cuando acabe en la que ahora mencionábamos y alguna otra se enamore y lo practique, será para siempre, hasta el final de los siglos. Cuando el final se dé ya nadie tendrá que preocuparse por su longevidad, habrá existido para siempre.